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Papá, sigo aquí…

Mi padre es ya abuelo. Pero es abuelo en el sentido más grandioso de la palabra, el que sugiere sabiduría y calma, orgullo y serenidad.

Mi padre es un maestro de escuela, ya jubilado, que mide con cuidado sus opiniones sobre la vida de sus hijos y sus nietos. Su experiencia le permite identificar las etapas de crecimiento de nuestros hijos, pero sabe que no debe inmiscuirse. Ambas son muestras de sabiduría.

Así que el otro día cuando me insinuó que “tuviera paciencia” con mi hijo mayor, le escuché. Y me explicó que, mientras jugábamos en la piscina, mi hijo mayor trataba por todos los medios de llamar la atención de sus padres. Que por otra parte estaban muy pendientes de la más pequeña, que daba sus primeros chapoteos y disfrutaba del momento de una forma espléndida.

Y su forma de llamar la atención era comportarse mal, de esa forma que sabía que a nosotros no nos gustaba. A lo que nosotros contestábamos con reprimendas, claro.

Mi padre me explicó que los niños a los 7 años tienen una etapa difícil, que no dura mucho, y en la que conviene prestarle atención y cariño.

Lo hablé más tarde con mi mujer, y ambos nos sentimos un poco avergonzados. Porque sabíamos que los celos eran un riesgo al tener un segundo hijo, y tratábamos activamente de que el mayor no tuviera necesidad de ellos.

Y nos dimos cuenta enseguida de que habíamos hecho precisamente eso.

En los días sucesivos hemos cambiado algunas cosas, hemos dedicado algo más tiempo a jugar, leer, conversar o simplemente pasear con nuestro pequeño niño grande.

Debo admitir que el cambio ha sido radical. Se acabaron los caprichos, las contestaciones maleducadas, las discusiones. Han bastado unos pocos días para corregir el problema, probablemente porque también había sido un descuido reciente y no una falta de atención prolongada.

En ese idioma que los niños no saben utilizar todavía, ese sencillo pero profundo, por las noches me imagino a mi hijo diciéndome con tristeza: “Papá, sigo aquí”.

Los niños no vienen con el maldito libro de instrucciones, así que deberíamos hacer más caso a nuestros abuelos. El mundo sería un lugar mejor.

(La foto es “Hand holding” de bjearwicke y la he encontrado en stock.xchng)

Un día seré capaz de caminar…

Llevo viendo desde hace unos días este anuncio de Chicco, y tiene esa especial combinación de imágenes, música y palabras que hacen de un simple anuncio algo entrañable que te gustaría guardar para volver a ver de nuevo.

He buscado en Internet y he encontrado que hay una serie de anuncios que tienen el mismo esquema, así que he pensado en recopilarlos todos y compartirlos aquí.

Un día aprenderé que nada te hace más feliz que una sonrisa.

Que la vida es aún más bella si me abrazas,

y que las cosas más importantes son las más pequeñas.

Un día conoceré todas las ciudades,

pero tú siempre serás mi mundo.

Descubriré que hay muchos caminos,

y encontraré el mío.

Descubriré que se puede viajar para encontrarse a sí mismo,

o para encontrar a alguien.

Un día seré capaz de caminar,

y veré hasta donde puedo llegar.

Un día llegaré a conocer todas las palabras

y podré decirte gracias.

Seré padre,

y me gustaría que mi hijo tuviera tu nariz.

Un día seré capaz de decirte por qué me siento tan feliz.

La idea común de todos los anuncios es la frase del final que dice “La felicidad es un camino que se inicia desde niño”, que se entiende mejor después de ver este último anuncio que se titula “Manual de la felicidad”.

¿Qué es lo más bonito del mundo?

La sonrisa de Felipe,

la felicidad de David,

la risa de Victoria.

¿Y cuál es el trabajo más hermoso del mundo?

Nosotros pensamos que es el nuestro.

Queremos que Juan, Pedro, Clara

y todos los niños del mundo sean felices.

De esa forma seguirán sonriendo cuando crezcan.

Y si los niños y los adultos sonríen,

el mundo será un lugar mejor.

Un lugar más feliz.

La felicidad es un viaje que se inicia desde niño.

No se si los textos será original de Chicco o inspirados por alguien, ya que el anuncio no pone nada al respecto, pero lo cierto es que el equipo de marketing de esta firma de productos infantiles ha hecho un trabajo exquisito en la elaboración de estos anuncios.

Podéis verlos todos completos en YouTube, que con música e imágenes son mucho más chulos:

La subjetividad del arte

Yo no sabría definir lo que es el arte, y si atendemos a la extensión que dedica la Wikipedia para la simple definición del término “arte” me queda el consuelo de que no soy el único al que le ocurre.

Uno de los objetivos del artista es expresar algo que de otra manera no puede expresar, plasmar una idea que lleva dentro y que necesita salir por los canales más apropiados.

¿A qué viene este rollo?

El otro día estaba trabajando en casa, mientras mi hijo de 5 años jugaba pacientemente a la espera de que su padre terminara de trabajar para jugar con él. En un momento de la tarde entró a la habitación donde yo estaba con el ordenador, cogió el bloque de post-it y un rotulador rojo, y me dibujó esto.

DiplodocusClaro, está en la edad en que le fascinan los dinosaurios y en su cole tiene muchos compañeros que comparten su fascinación. Tiene montones de figuras de plástico con dinosaurios, libros y recortables.

También tiene el iPad lleno de juegos y enciclopedias de dinosaurios, a los que juega de forma incansable. Conoce perfectamente los nombres de todos los dinosaurios y los identifica rápidamente en cuanto ve una foto.

Este post-it está pegado al lado de mi ordenador desde entonces, porque al verlo todavía me viene a la cabeza lo que me dijo cuando me lo dibujó: “Papá, ponte esto en el ordenador para que te acuerdes de mí mientras estás trabajando”.

No se cuál es la definición de arte, la verdad. Pero tengo una obra de arte pegada al lado de mi ordenador.