Mi padre es ya abuelo. Pero es abuelo en el sentido más grandioso de la palabra, el que sugiere sabiduría y calma, orgullo y serenidad.

Mi padre es un maestro de escuela, ya jubilado, que mide con cuidado sus opiniones sobre la vida de sus hijos y sus nietos. Su experiencia le permite identificar las etapas de crecimiento de nuestros hijos, pero sabe que no debe inmiscuirse. Ambas son muestras de sabiduría.

Así que el otro día cuando me insinuó que “tuviera paciencia” con mi hijo mayor, le escuché. Y me explicó que, mientras jugábamos en la piscina, mi hijo mayor trataba por todos los medios de llamar la atención de sus padres. Que por otra parte estaban muy pendientes de la más pequeña, que daba sus primeros chapoteos y disfrutaba del momento de una forma espléndida.

Y su forma de llamar la atención era comportarse mal, de esa forma que sabía que a nosotros no nos gustaba. A lo que nosotros contestábamos con reprimendas, claro.

Mi padre me explicó que los niños a los 7 años tienen una etapa difícil, que no dura mucho, y en la que conviene prestarle atención y cariño.

Lo hablé más tarde con mi mujer, y ambos nos sentimos un poco avergonzados. Porque sabíamos que los celos eran un riesgo al tener un segundo hijo, y tratábamos activamente de que el mayor no tuviera necesidad de ellos.

Y nos dimos cuenta enseguida de que habíamos hecho precisamente eso.

En los días sucesivos hemos cambiado algunas cosas, hemos dedicado algo más tiempo a jugar, leer, conversar o simplemente pasear con nuestro pequeño niño grande.

Debo admitir que el cambio ha sido radical. Se acabaron los caprichos, las contestaciones maleducadas, las discusiones. Han bastado unos pocos días para corregir el problema, probablemente porque también había sido un descuido reciente y no una falta de atención prolongada.

En ese idioma que los niños no saben utilizar todavía, ese sencillo pero profundo, por las noches me imagino a mi hijo diciéndome con tristeza: “Papá, sigo aquí”.

Los niños no vienen con el maldito libro de instrucciones, así que deberíamos hacer más caso a nuestros abuelos. El mundo sería un lugar mejor.

(La foto es “Hand holding” de bjearwicke y la he encontrado en stock.xchng)